miércoles, 5 de septiembre de 2007

Perfección


Se sentó y miró todo lo que había conseguido: una casa bonita en un barrio acomodado, un auto del año, un puesto de gerencia, y, por supuesto, una familia feliz labrador incluido.
Su esposa y su hija lo mantenían vivo. Él las amaba, lo sentía a cada minuto, sabía que todo lo que hacía era para darles lo mejor de lo mejor y que esa era su obligación. Sin embargo algo andaba mal: el auto, su puesto y hasta su perro de raza lo hacían sentir miserable, ultrajado, reducido hasta su más mínima humanidad, aunque lo más perturbador eran ellas.
Eran todo para él, para todos era evidente, incluso para él mismo, pero algo había en esas dos personas que lo hacían ir del amor más puro al odio más terrible, a imaginarse los actos más sádicos, a sacar a flote los instintos más violentos, básicos y brutales de la raza humana. Estaba cansado de todo, la perfección de su vida lo sobrepasó, se lo tragó y lo vomitó agónico y humillado.
Miró ambos cuerpos. Pensó que podría vivir como siempre lo había hecho después de ese brutal momento... lo pensó dos veces y sabía que no podría soportarlo.
De la nada tomo su pistola y miró al amplio cielo azul...
Se voló los cesos.