Lo sé, lo sé. Hay una micro. El tema es trillado,ya sé. De hecho creo que ya todos estamos hartos, cansados y hasta aburridos del mismo show que ahora es parte importante e imprescendible de la vida del santiaskino, tanto así que nisiquiera voy a decir su nombre. ¡¿Pero, por qué cresta no escribí nada con respecto a esto?!. Súper simple. Me considero, un empedernido optimista (no sé que tan bueno pueda ser esto) hasta el punto de rozar con la inocencia (seguro!) que cree que las cosas se solucionan dentro de los plazos (lo siento, es que me carga andar siempre pensando que las cosas nos van a perjudicar... básicamente por cuestiones de salud mental), pero ya han pasado varios meses y la situación sigue igual. O sea una reverenda mierda. Detesto reflejar la realidad a través de cifras, pa' que estamos con weas, los números son conceptos mega abstractos (dudo que vean a un número 6.21 caminando tranquilamente por la calle, disfrutando del aire capitalino por la mañana), asi es que prefiero contar mi traumática experiencia. Aquí les va.Los que han estado en mi casa saben que queda a la chucha, y cuando digo a la chucha no exagero. Desde que nos cambiamos desde la excelente locación de Avenida La Florida, la cual amo, a "Floridencia" mis problemas han ido en aumento. Y es que mi barrio es pulenti, de eso no me quejo. Antes de que "Mr. T" empezara funcionar pasaba una micro por mi casa con cierta regularidad. El colectivo siempre disponible y con la no despreciable tarifa de 4 gambas hasta el metro más cercano. Pero despúes de "Mr. T" ya todo es distinto.
Ya no pasa una micro, sino que dos... pero los recorridos tan inestables como la producción del pienso después de las heladas que cagaron a medio país (documéntense chiquillos). Mientras que el colectivo sigue cobrando sus inapelables 4 gambas con derecho a una muerte segura... ahora que lo pienso subirse a uno de esos autos es entregar tu alma en calidad de prenda...
La aventura parte cuando me subo a la micro. De verdad no tengo muchas quejas, aparte de la frecuencia, porque siempre llego al metro sentado. En la estación misma se ve quienes tienen nervios de acero, quienes tienen la gallardía de hacer prevalecer su deseo de llegar a la hora al trabajo o a estudiar.
Bajar la escalera hasta el andén me trae muchos recuerdos, como el del ganado esperando parsimoniosamente el momento en que los llevan a las pesas para ser vendidos o el de una piara bajando desde un camión hasta el matadero. Se abren las puertas... Parrrrrrrrrrrtieron!!! Y quedó la cagá en dos segundos.
Afortunadamente eso dura sólo un par de segundos, de otra manera la cantidad de lesionados en el "ritual" para entrar al vagón sería inmensa.
Estoy dentro de la lata de sardinas, apretujado, incómodo y preocupándome de no puntear a la mina que está delante mío, ni ahí con empezar mi día con un cacho en l'hocico, ni mucho menos con un enjuiciamiento público que diga de mis fetiches, y claro, lo que me preocupa más aún es que no me punteen!!! Desgraciadamente el metro esta lleno todo el día ahora, por lo que mi habilidad para evitar potenciales punteos, y que me punteen ha mejorado notablemente (ahora puedo decir que con "Mr. T" mi elongación y flexibilidad está como en mis tiempos mozos). El ícono de la modernidad santiaskina simplemente se fue a las pailas. Fue pisoteado, humillado, estafado y desprestigiado por un titán articulado de 20 metros de largo, con motor sueco y de ensamblaje brasileño
Debo decir que cuando vi toda esta cosa desde afuera, jamás pensé que fuera de tales magnitudes. La gente se veía frustrada, emputecida. Para mí eso sólo era impaciencia, pero ahora que soy un usuario más lo entiendo a la perfección. Y así van a pasar los meses y años y nosotros seguiremos comportándonos igual que animales gracias a nuestro transporte público.
Lo único que me queda por decir es que siempre pasa lo mismo. Las grandes decisiones las
tomas una minoria "izquierdista-derechista-gayfriendly-vegana-ilustrada". ¿Y nosotros qué?.
Insisto, el descontento crece, también crece la frustración y las ganas de ir a quemar alguna micro con nuestros amigotes, las"almas de la fiesta", en otras palabras encapuchados. Ojalá eso no pase, hasta ahora, y a pesar de todo este ha sido un año bsatante tranquilo.

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